lunes, 21 de julio de 2008

Vacaciones infernales

Estoy en la playa. No quería, no es lo mío. Soy vampira y me va fatal, pero tenía que intentarlo. Me siento como un miembro más de Los Monster, como un freak intentando normalizar su status. En esto Los Addans siempre fueron más auténticos, ellos reivindicaban su diferencia, no pretendían adaptarse a medio alguno, orgullosos de su estigma.

Me parapeto tras una gran sombrilla negra cubierta a su vez de amplios velos negros, como una misteriosa beduina del desierto. Mis gafas de sol nada tienen que envidiar al estándar nominado por el gremio de oftalmólogos como modelo Marujitadiaz. Mi cara solo muestra dos labios violetas, dos cristales ahumados y un flequillo rubio y recto. Quizá también dos pequeños agujeros a la altura de donde supuestamente habría de estar la nariz. Como dijo en su día el gran Dalí: “La mujer elegante no tiene nariz”. Me suscribo a su esteta pensamiento.

Por supuesto llevo sombrero, una especie de pamela de viuda ricachona y sexy, con tapafeas incorporado y algún motivo floral, todo en riguroso luto, incluidas las flores. Mi estampa decimonónica rechina ante tanto bikini fluorescente, ante tanto culturista tonta, ante tanta floreada gorda (en este caso flores de colores). Mis guantes de encaje no son tales, son mitones, para permitir que mis largas uñas negras también hagan acto de presencia, por si hubiera que clavarlas en alguna cara en algún momento dado, que es algo casi seguro, habida cuenta el personal que rodea mis dominios; chusma, plebe, populacho... gente pobre en general. ¡Estoy tan desubicada!


Sí, querría tomar el sol, pero a la vez no quiero que ni uno de sus estúpidos rallos choque contra mi piel marmórea. Yo me entiendo. Un hombro queda al descubierto y me apresuro a impregnar con protección 600 tan pálida zona. No deseo que ninguno de mis radicales libres se entere de mi acampada, fugitiva en esta hora.

Me ha costado llegar hasta este concurrido sitio perdido de la mano del diablo, sorteando chiringuitos, hamacas y cuerpos vanos. Mis altos tacones se clavaban en la arena como en una pesadilla en la que quisiera huir de algo y mis pies no respondieran. No me ha costado arrastrar el campamento, porque toda esa labor a recaído en Malyzzia, convertida en portadora murciana, en mi serpa de la huerta, mi esclava, mi mucama, mi dama de compañía. Yo solo he tenido que dirigir la expedición, encabezar el peregrinaje bastón en mano, como un patriarca de leyenda, como la sirena de la proa de un barco. Curvilíneo estandarte.

Ahora ella corretea de un lado a otro con un helado en cada mano (y probablemente varios ya en el estómago, más uno bajando presuroso por el gaznate), disfrutando de esas olas sucias y asesinas, cargadas de algas y medusas, coeficiente intelectual plano, sonriendo a todo pasto. Santa felicidad la del simple de espíritu. Ella disfruta y yo me aguanto. Espero que la aparición de un titánico escualo me alegre el día. Ojalá le arrancara un miembro a aquella rubia tan joven y tan divina.


Un niño asquerosamente sano y pelirrojo patea un balón de playa que anuncia Coca-cola. La tenue brisa cambia el rumbo y esto hace que la esfera plástica acabe sus días en mis improvisados aposentos, impregnando de arena mi ajustado y nocturno modelo con algunos granos. Él, enano físico matemático, había calculado todo: la elipse, potencia, velocidad, los grados... o sea, que al herrar ha acertado. Saco un bonito y casi interminable alfiler de mi elegante sombrero, y manteniendo la mirada de ese infante gamberro, lo pincho y lo reviento, sin el menor miramiento. Se lo devuelvo convertido en un melón podrido y deshecho, sonriendo, mostrándole unos dientes muy blancos ante tanto negro. Destella un brillante en el incisivo izquierdo.

Para olvidar el incidente conecto mi aparato de radio. No pretendo imponer mi música, no soy tan maleducada ni hortera, llevo auriculares... ya están en la oreja. ¡Horror!, ¿Qué es esto que suena? Simplemente se trata de "la canción del verano", sea este año cual sea. La dura competencia por convertirse en el martirio estival, insuflar espanto en vena. Todo se reduce a eso. Quizá que nuestra propia canción, Happy Chueca, no se haya convertido en el boom del verano me haga mirar el asunto de tan oscuro y agrio modo, pero sabe dios que jamás esperé tal cosa de ella. Hubiera sido una nueva forma de rebelión de un monstruo ante su creador. Hubiera sido convertir en grotesca una ya de por sí poco afortunada anécdota. No habrá miles de copias vendidas, no habrá disco de platino, no habrá conciertos y conciertos, montones de dinero... ¡pero nadie me comparará con un King África cualquiera! Continuo pues sintiéndome un personaje de culto. Una extraña forma de dignidad me embarga... pero también me enerva. El pulso, como siempre, queda en tablas... y yo, contra las cuerdas.

Quito la radio, ¡menuda ocurrencia! Pongo un CD, por supuesto de los años ochenta. Siempre funciona, siempre hay una canción que te saca de aprietos, como un superhéroe al uso. Corte cuatro, Play. Alaska aparece en mi cabeza, recuerdos de La Bola, envuelta en trapos oscuros, superpuesta en un fondo falso que se nota mucho. Un gran ventilador –oculto a la vista- hace que los harapos de diseño y su rastas, recogidas en lo alto, ondeen como la bandera más victoriosa y a la vez funesta. Ella, seria y convencida, comparte mi ánimo al cantar en sus tonos más bajos, de reina siniestra: “¡Vacacioneees infernaleees, vacacioneees infernaleees, vacaciones... infernales... para tiiiiiiii!”.


(Este artículo fue publicado en la revista VANITY GAY el verano de 2007)

3 comentarios:

Plantas Carnívoras dijo...

Querida Didi:

Te admiro, te sigo y te recomiendo en mi blog.

Besos 4 breakfast

Jimmy Trash

caotico_jq dijo...

Será posible... te traicionaste a ti misma!! A la playa sólo se puede ir en invierno, deberías saberlo. Dejarte engañar por esa vaca gorda, parece mentira...

:D

Charly dijo...

.... Otra vez te he fallado ( con a).... una vez más volví a la playa, sigo moreno y con algún helado de más en los costados.... lo siento Didi...
cada día comprendo más a Malyzzia... VIVA LA PLAYA, LOS HELADOS, LAS MEDUSAS Y LAS PAELLAS!!! ( ya sean valencianas, murcianas o de donde quieran ellas ser )
Eso sí: Alaska siempre de fondo... que eso ayuda, y mucho.